De ideales como la verdad, la democratización de los medios y la “no violencia”, por pugnas internas y causas externas, se ahogó el Movimiento
Por Lizbeth Gutiérrez Sauceda
Ex coordinadora en el estado de Puebla Yo Soy 132
Desde el día 11 de Mayo de 2011 se comenzó a generar una esperanza para la transformación de conciencias de un pueblo dormido por el opio de la resignación. A partir de ese momento de repudio al entonces candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto y con las posteriores declaraciones de Pedro Joaquín Coldwell , estudiantes de distintas instituciones y regiones del país se fueron solidarizando con la causa. Grandes marchas donde decenas de miles de personas que sacudían el espacio público e invadían las primeras planas de los periódicos (a pesar de los números manipulados de algunos medios cómplices del “stablishment”), se convertían en prueba del potencial de las nuevas generaciones.
Del sector de clase media alta de la sociedad mexicana surgía un movimiento de un nivel de participación apenas comparable con el movimiento estudiantil del 68. Se trataba de un movimiento que al igual que aquél, pretendía realizar una transformación total de lo público, es decir; del papel del ciudadano, de los medios de comunicación y de la política en general, fomentando una actitud más crítica y participativa por parte de la sociedad civil, especialmente de los jóvenes. El hecho de que estudiantes provenientes de universidades públicas y privadas a nivel nacional se reunieran teniendo por bandera la verdad, por objetivo la democratización de los medios y por principio ético la “no violencia”, fue algo que atrajo la atención pública, como pocos otros movimientos sociales lo habían hecho recientemente.
Hoy las cosas parecen muy distintas, el movimiento se ha convertido en un grupo cerrado en el que las pugnas entre los subgrupos dificultan la eficacia de cualquier plan de acción. El problema planteado por las “Teorías de acción colectiva” se encarna en las dificultades del movimiento “Yo soy#132” para su propia sobrevivencia. Dicho problema se resume en todo aquello que obstruye la orientación de las voluntades individuales a un mismo objetivo. Esto se vuelve más complicado cuando incluso el propósito último, el fin mayor, no está del todo claro. Pues el objetivo inicial ha sido abandonado para desviarse hacia muchos otros.
Son diversas las razones por las que el movimiento está hoy en esas circunstancias. Tal cuestión análisis hermenéutico, en el cual hay que tomar en cuenta las circunstancias estructurales que han estado presentes durante el desarrollo de dicho movimiento. Es necesario también tomar en cuenta las particularidades que surgen desde dentro. Dichas razones podemos dividirlas en causas externas e internas.
Causas Externas:
· A pesar de la fuerza y el dinamismo que tenía el movimiento, los poderes fácticos (medios de comunicación) se las han arreglado, para generar la autodestrucción del mismo. La creación mediática de héroes, para su posterior cooptación es un claro ejemplo de lo anterior (véase caso Attolini).
· Otra circunstancia estructural que ha afectado el funcionamiento del movimiento es sin duda la represión por parte del Estado, que aunque no es como era hace cuarenta o cincuenta años, es quizás exactamente igual de eficaz y se ejerce a través de la desinformación (contenidos de poca calidad en los medios masivos de comunicación y la implantación de ideas específicas a través de ellos), el amedrentamiento (llamadas anónimas a los miembros del movimiento y levantones durante las protestas) y la cooptación (el intento de algunos partidos políticos por influir en el movimiento y reclutar a sus miembros).
· Los resultados de la pasada elección fueron clave para la caída del ánimo de la sociedad civil y, por ende, del movimiento. La desilusión debilitó las esperanzas de muchos.
Causas internas:
· El ahogo de la protesta, por encima de los lazos entre los elementos del capital social, terminó por desmoronar las redes que se hallaban en proceso de construcción entre los distintos sectores de la sociedad civil que se alineaban con el movimiento.
· En el afán de apoyar a otras causas, mientras el movimiento prometía una unión total de la sociedad mexicana, terminaron subscribiéndose a ellas sin ningún escrutinio. Ante ello, gran parte de la clase media (de cuyo sector provenían la mayoría de los individuos que apoyaban y colaboraban con el movimiento) y muchas personas provenientes universidades privadas terminaron por alejarse del eje de la movilización.
· Las pugnas entre grupos dentro las universidades públicas principalmente, acabaron por disminuir la eficacia en la toma de decisiones y por desvanecer el incipiente plan de acción que se comenzaba a formular. Que consistía principalmente en la creación de asambleas que llevaran a cabo actividades informativas, que crearan lazos con la gente en su propia comunidad, para posteriormente seguir generando propuestas a nivel local.
· El modo en que se ha practicado el asambleísmo ha sido, por supuesto, un elemento clave en el proceso de crecimiento y decrecimiento del movimiento. En un principio se buscaba horizontalidad, pero la ineficacia de los procesos terminó por formar órganos coordinadores del movimiento en los distintos Estados que restaron poder a las asambleas y centralizaron el poder de decisión en unos cuantos individuos.
No me daría abasto en un artículo para mencionar el sinnúmero de circunstancias adversas y errores cometidos por parte del movimiento. Pero no quiero ser pesimista, el movimiento #YoSoy132 representa una gran contribución para la transformación del espacio público. Si bien no se trata consecuencias directas, hay que reconocer que existe cierta correlación entre la situación política actual y el mismo. El nivel de participación ciudadana durante el período de votación en palabras del consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), Benito Nacif Hernández, fue muestra de que habíamos vencido el abstencionismo, pero creo que solo ganamos una batalla. Nos quedan enemigos a vencer que son mucho más poderosos, como lo es la ignorancia, pues me atrevo a decir que la mayoría no ejerció un voto completamente informado y razonado. En un país sin las deficiencias educativas que tenemos, Enrique Peña Nieto hubiera ganado las elecciones con muchas más dificultades.
El abuso del poder hoy se ve beneficiado por la falta de conciencia social de algunos sectores, carencia que apenas estamos comenzando a vencer a través de los cambios que el ciudadano y la sociedad están experimentando como entes políticos. Creo que el problema de fondo que estamos enfrentando tiene un alto contenido ético. Vivimos en una época que es heredera de la hegemonía del neoliberalismo y de los usos y costumbres (vicios) de la política tradicional basada en el uso de la fuerza (la “RealPolitik” de Maquiavelo y Hobbes).
Es lamentable que mediocremente en ocasiones asumamos que así somos y no podemos cambiar, que no podemos mejorar el sistema político, que no podemos acabar con la corrupción, la globalización mal lograda, con las imposiciones, los despojos, los abusos y el enriquecimiento ilícito. Es entonces cuando pienso que la única salida no está en el gobierno, ni en la añorada reforma política, sino en la sociedad civil organizada que busca desesperadamente ser escuchada y formar parte de la transformación de su país. Y ¿Por qué no? Del mundo. Como lo mencionó el Dr. Marco V. Vargas: “Solo la sociedad civil organizada puede domar a la bestia del poder y de los empresarios”.

En México está surgiendo una sociedad civil más participativa con poder de crear nuevos valores y normativas que se basen en la solidaridad y la mutua cooperación. Para muestra basta un botón; #YoSoy132, Cherán, el padre Solalinde y su gente, las Patronas que asisten a los migrantes que viajan en “La Bestia”, el periodismo crítico incansable de Aristegui y otros periodistas, entre muchas otras formas en que dicho actor político se manifiesta. Todos estos fenómenos sociales si bien no ejercen un poder directo, ejercen cierta presión en las estructuras tradicionales e influyen en el debate de los asuntos públicos, logrando que se pongan sobre la mesa temas que por su naturaleza incómoda no serían tocados por los que detentan el poder. Chandler lo detecta muy bien al afirmar que hoy la esfera del poder y la lucha por conseguirlo se ve mas que nunca colonizado por la esfera doméstica de la ética y la civilidad.
En México está surgiendo una ola de despertar de conciencias, donde el ciudadano ya no es únicamente observador de su entorno y recibidor de las consignas de un sistema fabricado por los potentados, sino que ahora está asumiendo su propio poder, cosa que lo empodera aún más (permítaseme redundar) y lo conduce poco a poco a la emancipación política y a la expansión de la democracia. #YoSoy132 es parte de este despertar. El reto es que se adquiera conciencia de ello y que no se limiten a una etiqueta, la arena pública para la participación de la sociedad civil tiene hoy por hoy más espacio de acción que nunca.
No sabemos exactamente qué futuro político nos espera como país. Pero de lo que podemos estar seguros, aunque el PRI pudiera ser el mismo de siempre, los poderes fácticos sean los de siempre y los hilos del poder estén en las mismas manos (las veinte familias más ricas del país, entre las que se incluyen los Azcárraga, los Sada, los Slim etc.), gracias al despertar que se está viviendo, éste ya no es el mismo México.
Bibliografía:
“Benito Nacif estima participación de 60% en las elecciones”. Publicado 7 de Julio de 2012. Recuperado el 7 de Octubre de 2011 de: http://www.adnpolitico.com/2012/2012/07/01/benito-nacif-estima-participacion-de-60-en-las-elecciones
“Puñado de jóvenes fue intolerante en la Ibero con Peña: PRI”. Publicado el 11 de Mayo 2012. Recuperado el 10 de Octubre de 2012 de http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/6206c695bc31a6043760f5a0089866b1
Brown & Ainley, Globalization: Understanding International Relations: pgs. 164-175.
Chandler, A New Research Agenda / The limits of Constructivism: Pgs. 26-42.