Por Mario Ricciardi
Secretario particular y técnico del director
del Instituto Municipal de Planeación del Ayuntamiento de la ciudad de Puebla
ES CUANDO MENOS INTERESANTE QUE EN MÉXICO SE ESTÉ DEBATIENDO Y REFLEXIONANDO SOBRE REFORMAS AL SISTEMA POLÍTICO. Reformas en y al sistema, no de éste como sucede en los países que integran el ALBA bolivariano. El Pacto por México, el acuerdo tipo La Monclova de puntos básicos a tratar en la agenda pública, que los tres partidos más importantes del país firmaron con el poder ejecutivo federal, contiene lo que se denomina“la reforma política”. Los partidos en el Congreso de la Unión también tienen el tema, aunque con variantes. Inclusive, varias de las asignaturas enmarcadas en la llamada reforma política están en la agenda nacional desde el sexenio pasado. Entonces, sin priorizar qué paquete que se proponen a la política es necesaria para un ítem fundamental para el estado de la democracia en México.
Secretario particular y técnico del director
del Instituto Municipal de Planeación del Ayuntamiento de la ciudad de Puebla
ES CUANDO MENOS INTERESANTE QUE EN MÉXICO SE ESTÉ DEBATIENDO Y REFLEXIONANDO SOBRE REFORMAS AL SISTEMA POLÍTICO. Reformas en y al sistema, no de éste como sucede en los países que integran el ALBA bolivariano. El Pacto por México, el acuerdo tipo La Monclova de puntos básicos a tratar en la agenda pública, que los tres partidos más importantes del país firmaron con el poder ejecutivo federal, contiene lo que se denomina“la reforma política”. Los partidos en el Congreso de la Unión también tienen el tema, aunque con variantes. Inclusive, varias de las asignaturas enmarcadas en la llamada reforma política están en la agenda nacional desde el sexenio pasado. Entonces, sin priorizar qué paquete que se proponen a la política es necesaria para un ítem fundamental para el estado de la democracia en México.
Vale decir que todas las reformas
que se proponen en temas electorales, administrativos, financieros o
hacendarios, de medios de comunicación, educación, penales, etcétera, son
políticas en tanto impactan en la vida y gestión del poder, es decir, en la
política misma. No obstante, la llamada reforma política bien puede ser titulada
así porque agrupa reformas en leyes y normas que regulan los procesos
electorales, el comportamiento de los partidos, entes administrativos y de
control del Estado, entre otros temas que comúnmente son etiquetados como asuntos
de la política con mayúscula. Así, más allá de la reforma política en su
versión Pacto por México o Senado de la República, un tema básico es la
reelección de legisladores y alcaldes.
Plantear la reelección es un
asunto con muchas aristas. Una de estas es que los partidos políticos se ven
afectados porque pierden poder ante legisladores o alcaldes, quienes se vuelven
más independientes del aparato del partido. Por ejemplo, al salir de campaña
repetidas veces para el mismo puesto y en el mismo distrito, así como al tener
mayor cercanía y capacidad de gestión que el partido ante determinadas
comunidades de un distrito dado, los cuadros políticos ganan peso sobre los
partidos. Es decir, entre otras cosas, los políticos que ostentan cargos de
representación, independientemente de la división de puestos jerárquicos que
cada partido acuerde o designe para ellos, toman preponderancia frente a sus
respectivos partidos, su burocracia y dinero. Esto choca con un fundamento de
la actual democracia mexicana, que se podría esquematizar en que los partidos
políticos sistémicos, medianamente institucionalizados y fuertes sostienen a los
sistemas de partidos y electoral, en los que a su vez descansa la democracia
todavía en transición.
Así, aunque la reelección
debilita a los partidos frente a los políticos que son representantes de la
ciudadanía, juega un papel central para cualquier democracia minimalista:
potencia el valor y peso del voto. Es decir, en teoría, la reelección empodera
al ciudadano y efectiviza el principal instrumento de participación –el
sufragio–, lo cual no es menor en una democracia liberal, de corte minimalista.
Las democracias liberales, minimalistas, elitistas, schumpeterianas o
pluralistas asignan un valor fundamental a las elecciones libres y competidas.
Justamente, se llaman minimalistas porque el mecanismo más importante para
legitimar y legalizar un gobierno es mínimo, ya que se da en las urnas y en el
origen del gobierno, no tanto en la gestión. En tal sentido, instrumentos para efectivizar
el voto son torales para la calidad de este tipo de democracia.
Con todo y que en los últimos
años han habido intentos y acciones en pro al gobierno abierto, es decir, a una
democracia un tanto más maximalista, con distintos instrumentos de gobernanza y
rendición de cuentas que pugnen por hacer que la democracia de las urnas sea
trasladada a la gestión, el núcleo del sistema democrático liberal que rige en
países de occidente sigue siendo minimalista. Entonces, hablar de reelección no
es un tema menor. Al existir la posibilidad de la reelección, muchos de los
políticos que ostentan puestos de elección popular se verán ante la opción de
reelegirse en su cargo, lo que en teoría significa confrontarse ante el
escrutinio público para evaluar su trabajo. Esto pudiera abonar a la rendición
de cuentas vertical, la primordial en el sistema democrático que México tiene.
Sin dudas que el tema de la
reelección conlleva muchas aristas y dicotomías. Incluso, también debería
contemplarse la reelección del presidente de la república, la periodicidad de
las reelecciones y los tiempos de gestión. Pero eso sería demasiado pedir. El asunto
está muy arraigado en la cultura política mexicana y se acuña con el lema de la
revolución “sufragio efectivo, no reelección”, mismo que el priismo amoldó para
que el principio deviniera en generaciones de políticos chapulines. Dejando de
lado lo anterior, la reelección de alcaldes, diputados locales y federales, así
como de senadores es importante y está en puerta, por lo que se necesitarán distintas opiniones
para matizar un tema que no es sencillo ni siquiera es avalado por muchos
académicos, políticos y ciudadanos.
