Por Omar Gonzalo Mérida Ariceaga
Director de la World Future Society Capítulo Mexicano, AC de Consultores Internacionales SC
EL SIGLO XXI ES EL “SIGLO ASIÁTICO”. Esta región, particularmente en lo que corresponde a Asia-Pacífico, es una de las más dinámicas en cuanto a crecimiento económico en los últimos años. El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) engloba a 21 economías de la región, las cuales representan cerca del 40% de la población mundial, 54 % del PIB mundial y 44 % del comercio[1]. Dentro de este foro, cuya meta consiste en apoyar y facilitar los intercambios comerciales a fin de construir una gran comunidad para el libre comercio y la inversión en la región Asia-Pacífico. En la actualidad, uno de los principales mecanismos para alcanzar dicha meta es el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP), está siendo negociado por 11 economías, con Japón incorporándose oficialmente en el mes de junio.
El TPP es en estos momentos el principal acuerdo comercial en el mundo ya que las 11 economías que actualmente lo integran representan el 26% del PIB mundial, además de ser economías con una actividad comercial sumamente dinámica. El promedio de crecimiento de sus exportaciones fue de 4.96%, donde en los extremos encontramos a naciones como Vietnam cuya tasa en 2012 fue de 19.32%, mientras que las naciones más desarrolladas, Estados Unidos y Canadá, lo hicieron a un 4.3% y 4.34%. La importancia de este acuerdo radica, además de su considerable peso económico, en que ante la parálisis de la OMC, sumado a la tendencia por girar hacia el proteccionismo comercial en tiempos de incertidumbre económica, no existe en estos momento ningún otro foro o mecanismo que impulse –actualmente– de tal manera la actividad comercial alrededor del mundo.
El TPP puede ser un arma de dos filos para México. Por un lado, existe el temor a perder lo ganado en el TLCAN, particularmente en lo referente a cómo manejar disciplinas que puedan resultar contrarias; México no busca perder los beneficios ganados hace casi 20 años. Por el otro, este acuerdo permitirá abrir importantes mercados en crecimiento así como disciplinas nunca antes tocadas por ningún acuerdo comercial: facilidad para el flujo de servicios e inversiones, movilidad laboral, entre otros. Ante este panorama, es necesario que el país comience a adoptar las acciones correctas para aprovechar todo el potencial de este tratado; México ya está inmerso en éste y no hay manera de detener su proceso. Por ello, el país debe enfocarse en dos estrategias claras y contundentes que le permitirán maximizar los beneficios de este tratado: una política industrial transversal de largo plazo y una política exterior encaminada a posicionar a México como uno de lo actores líderes en la zona Asia-Pacífico, la región del siglo XXI.
El primer elemento implica la necesidad por articular las cadenas productivas de la industria a fin de generar valor a los productos manufacturados en el país. Una política industrial que fomente la actividad innovadora de las empresas permitiría que la producción mexicana no compita en desventaja en los mercados internacionales. Para ello, es necesario emprender acciones para fortalecer la banca de desarrollo y generar los créditos que las empresas necesitan, así como de profundizar la vinculación industria-sector académico para con ello garantizar que el conocimiento generado en las universidades y centros de investigación pase al sector productivo. Finalmente, esta estrategia debe de complementarse con una sólida política de apoyo a las PyMEs, a fin de hacerlas participes de las cadenas de valor, esto mediante programas de compras de gobierno, empresas tractores y, sobre todo, mejores accesos al financiamiento.
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| Propulsar la vinculación Industria-Sector Académico para impulsar la marca "México" |
Por el otro lado, es necesario que México genere impactos positivos en los foros regionales a través de una política exterior activa encaminada a fortalecer la imagen del país. Para que una política exterior sea verdaderamente efectiva, ésta debe de impulsar el desarrollo interno. En este caso, lo que el país requiere es promocionar la marca “México” en el exterior: México como destino de inversiones, México como destino turístico y los productos mexicanos como los mejores de su tipo. Además, es imperativo que México forme parte de la toma de decisiones en los procesos de la región, las resoluciones que de ahí emanen tendrán repercusión global en el siglo XXI.
Ha llegado la hora de que nuestro país comience a buscar otros mercados y explore nuevas oportunidades, históricamente hemos estado muy “norteados” y poco “orientados”. Los resultados son mixtos pero definitivamente no son los esperados para el potencial con el que se tiene, ha llegado la hora de comenzar a actuar de manera diferente.
[1] “Secretariado APEC”. Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. http://www.apec.org/About-Us/About-APEC/Achievements-and-Benefits.aspx, revisado el 21 de mayo de 2013.
