Por Dr. Víctor Manuel Reynoso Angulo
Profesor del departamento de Relaciones
Internacionales y Ciencia Política de la UDLAP
HAY AL MENOS tres argumentos a
favor de los legisladores de representación proporcional: corrigen la
sobrerrepresentación, dan espacios a las minorías y permiten a los partidos
llevar a sus mejores cuadros a las cámaras. Hay al menos un argumento en
contra: no se someten de manera directa al juicio de las urnas, no rinden cuentas
a sus electores.
Las elecciones de
mayoría simple, también llamadas de un solo ganador, sobrerrepresentan al que
gana y subrepresentan a los perdedores. Es el caso de una elección
presidencial. Si uno de los candidatos obtiene el 33.5%, otro 33%, el tercero
17% y los demás el resto, el primero se quedará con el 100% y los demás con
nada. Algo análogo pasa en elecciones de legisladores. La representación
proporcional trata de corregir esto, otorgando diputados o senadores a partidos
que obtuvieron algún porcentaje de votos aunque no ganaron igual número de
distritos.
Un caso particular
de lo anterior es el de los partidos que difícilmente ganarían la mayoría en un
distrito o entidad. Su única vía para acceder al poder legislativo es vía la
representación proporcional. Es el caso de cuatro de los siete partidos con
presencia en las cámaras federales actualmente. Si dejamos de lado las
alianzas, estos partidos seguramente desaparecerían en un sistema de mayorías
simples.
Menos visto es el
tercer argumento. Las dirigencias partidarias tienen la capacidad, en un
sistema como el mexicano, de hacer ingresar a las cámaras a quienes ellas
quieran, por la vía de las listas plurinominales. Esto puede dar, y ha dado
lugar, a privilegios, pero también a que los partidos coloquen en las cámaras a
sus mejores cuadros, a los que tienen mayor capacidad de liderazgo o a los que
dominan temas que serán de importancia en la legislatura electa. Es probable
que la productividad de los diputados plurinominales sea por eso mayor a la de
los diputados de mayoría. Lo que no quiere decir que todos los pluris sean más
productivos que los mayoritarios.
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| Partidos políticos en su gran mayoría plurinominales, de minoría legislativa |
La crítica a la
representación proporcional, sobre todo en un sistema de listas cerradas como
el nuestro, tiene que ver con lo anterior: son las burocracias partidarias las
que deciden quiénes ingresarán a las cámaras, no los ciudadanos (o no al menos
directamente). Hay que aclarar que en sistemas sin reelección inmediata este
argumento se diluye y carece de peso. Si el legislador no puede reelegirse, el
ciudadano votará no tanto por el candidato, sino por el partido que lo postula.
En mi opinión los
argumentos a favor pesan más que los argumentos en contra. Desde luego que no
se acabaría el país si tuviéramos un sistema de un solo ganador como el inglés
o el norteamericano. Nos quedaríamos en el corto y mediano plazo con tres
partidos. Los candidatos y los legisladores serían más visibles. Mejorarían por
lo mismo a transparencia y la rendición de cuentas.
Pero la
sobrerrepresentación seguramente se prestaría a abusos. Es posible que con un
porcentaje de votos relativamente bajo un partido lograra mayoría en las
cámaras y con eso tendría un poder desproporcionado.
La existencia de
las minorías es una cuestión más polémica. No me refiero a las minorías en
general, cuyo respeto es una de las piedras de toque de la democracia, sino a
las minorías partidarias. Éstas han tenido un lugar un tanto triste en la
historia del país. En algunos casos no representan a nadie fuera de sus propios
integrantes. En algunos casos han sido maestras del oportunismo, vendiendo su
amor al mejor postor.
Pero la presencia
de las minorías partidarias que la representación proporcional permite puede
servir de incubadora para que los pequeños partidos nazcan y crezcan. Hasta
ahora no ha sido el caso, pero me parece que es la mejor forma de permitir la
entrada de partidos nuevos a nuestro sistema. Los actuales, casi todos,
muestran señales de envejecimiento. No por su edad, sino quizá por sus errores.
Creo pues que vale
la pena conservar la representación proporcional. Creo que hay un consenso
mayoritario en esto. Son pocas voces, aunque algunas de ellas estruendosas, las
que proponen su desaparición. Otra cosa es reducirla a 100 diputados. Estoy de
acuerdo, aunque ciertamente no va a revolucionar nuestro sistema legislativo.
Eso en cuanto a
los diputados. En el senado la propuesta del PRI es acabar con la
representación proporcional, y dejar solo a los senadores de mayoría a uno de
la primera minoría en cada estado. Con esto el senado perdería su función de
representación de las minorías (se quedaría seguramente con tres partidos) y de
incubadora de partidos. Pero esas funciones las seguirá jugando la cámara de
diputados.

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