miércoles, 20 de marzo de 2013

Detención de ‘doña’ Elba ¿política de Estado?


Por Dr. Víctor Manuel Reynoso Angulo
Profesor e investigador de tiempo completo 
de la Universidad de las Américas Puebla UDLAP

LA COMPARACIÓN ENTRE LOS CASOS DE La Quina (1989) y Elba Esther Gordillo (2013) nos dice mucho sobre lo que este país ha cambiado. Ambos fueron en su momento poderosísimos líderes sindicales. Ambos se estaban distanciados del presidente electo. Ambos fueron encarcelados. Pero Joaquín Hernández Galicia (La Quina), líder del sindicato petrolero, fue a la cárcel por acusaciones que nadie creyó, mientras que la líder de los maestros fue apresado cuidando mucho, al parecer, las formas jurídicas y hasta mediáticas.
La Quina fue encarcelado acusado de acopio de armas y homicidio en primer grado. Pocos creyeron que fuera cierto. Pero no importó: se encarceló a un líder petrolero muy poco popular y el presidente Carlos Salinas logró lo que buscaba: adquirir legitimidad en ejercicio ante la opinión pública y deshacerse de un enemigo político.
Peña Nieto logra lo mismo. Pero tiene que armar un detallado y bien sustentado expediente jurídico. Respeta además los derechos humanos de la víctima, al cuidarse de publicar fotografías de su detención. Se sabe que el poder judicial podría echar para atrás la detención si no tiene sustento jurídico. Le pasó ya a Felipe Calderón con Jorge Hank Rohn y al mismo presidente con Florence Cassez.
Aunque haya todavía mucho que cambiar en los medios de comunicación y en la impartición de justicia, ambos ya no son lo que eran hace 24 años. La libertad de prensa y la pluralidad de medios es hoy notablemente mayor que la de entonces. Llama la atención sobre todo los medios electrónicos, en particular la llamada televisión de paga y la radio. El poder judicial, con una importante agenda pendiente, insisto, ya no es un instrumento dócil en manos del ejecutivo.

Los sindicatos hoy
Pero de la comparación de los dos casos también surge con claridad que en algunas cuestiones el país no ha cambiado. Los grandes sindicatos siguen siendo poderes fácticos. Organizaciones que nacieron con el noble papel, a veces heroico, de defender los intereses de los trabajadores, hoy parecen ser más bien instrumentos de control político y medios para creación de una plutocracia.
Los grandes sindicatos aparecen hoy como entes conservadores, creadores de privilegios ilegítimos, obstáculos para reformas necesarias para el progreso del país.
Sin temor al ridículo o a la ofensa social, sus líderes caen en actitudes grotescas. Los gastos de Elba Esther en tiendas de lujo alcanzan, según la versión oficial hecha pública el día de su detención, cantidades difíciles de imaginar y ofensivas para sus sindicalizados y para el país.

¿Política de Estado?
Muy probablemente la detención de la líder del SNTE legitime al presidente Peña Nieto. Pero no bastará con la detención. Ésta tendrá que proceder jurídicamente. Y demostrar que fue más que un golpe de mano, un ajuste de cuentas contra una vieja enemiga, la creación de un chivo expiatorio para satisfacer el morbo de la opinión.
Se ha dicho que otra de las razones para el encarcelamiento de la maestra está en que se oponía la reforma educativa. Que a eso iba a la reunión del Sindicato en Guadalajara. De ser cierto, hay una justificación política en la acción del gobierno de Peña. Pero por lo mismo la legitimidad no puede quedarse ahí: tendrá que ir hasta la realización de una reforma educativa con frutos razonables pero claros, que demuestre que detrás de la detención de Elba Esther hubo no solo malicia política, sangre fría y pericia jurídica, sino una política de Estado.

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