miércoles, 24 de octubre de 2012

La glocalización: importancia para una industria más competitiva


En medio de una sociedad el conocimiento diversa, el valor social, contibuye al crecimiento de las empresas con un mayor bienestar social: como lo hacen las Empresas Socialmente Responsables [ESR]

Juan Pablo Bueno Hernández
Estudiante de Ingeniería por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP)
Nuestro mundo está cambiando. Sin embargo, la historia nos demuestra que siempre ha estado en un constante proceso de evolución. Prueba de ello son los avances en las distintas áreas del saber, y de forma muy específica, de la ingeniería, pues la tecnología marca una pauta en la vida de las personas. ¿Quién podría imaginarse un mundo sin televisión, sin celulares o sin computadoras? Pero para hacer estos inventos, sus creadores tuvieron que basarse en el trabajo de otros. Es decir, ¿cómo concebir una lavadora o un refrigerador que no use electricidad? ¿Qué sería de un automóvil sin los componentes mecánicos, cuyo funcionamiento está calculado a través de la física clásica de Newton? Por eso, podemos hablar de que la tecnología evoluciona.

Y es que el conocimiento no es exclusivo, pues hasta las patentes tienen fecha de caducidad. De este modo, lo que se inventa en China puede ser usado y mejorado en cualquier otra parte del mundo. Esto nos lleva necesariamente a hablar del concepto denominado globalización, que la RAE define como “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”.

Partiendo de esta definición, nos damos cuenta que las “fronteras nacionales” no son más que un paso más. Un claro ejemplo es el internet, qué más allá de líneas fronterizas, permite la comunicación entre diferentes partes del mundo en tiempo real, y pone a nuestra disposición la misma información para todos. De este modo, se puede acceder a información en árabe, inglés o francés; a la página de la Secretaría de Gobernación de México o a la del Ayuntamiento de Madrid sin ninguna dificultad.

Ahora imaginemos la misma situación, pero en un ámbito empresarial. Las empresas transnacionales trabajan en más de un país, como Volkswagen, por ejemplo. Ahora bien, ¿cómo se rige la relación entre la planta de China de Volkwagen y la de México?, ¿se vende exactamente el mismo producto tanto en un país como en otro?, ¿cómo saberlo?, ¿cómo plantearse objetivos comunes como empresa, y objetivos particulares, según los requerimientos del cliente final?

Ninguna de estas preguntas tendría respuesta si no es con relación a la globalización. De este modo, las empresas encuentran las exigencias propias de cada lugar, los lugares más óptimos para producir cierta línea de sus productos, y establecen la estrategia de ventas apropiada a cada cultura.

Por otra parte, no se puede dejar de lado la serie de fenómenos que afectan a una gran cantidad de mercados a nivel mundial, como crisis económicas, desastres naturales, cambios en cuestiones legislativas de un país… Lo político afecta a lo económico, y lo económico a lo ambiental, que a su vez involucra la parte científica, que a su vez requiere fondos gestionados en un ámbito político, que a su vez tiene injerencia en lo ambiental… Tanto por disciplinas como por países se ven afectados por la globalización.

Ahora bien, sabemos que en un país y en otro las demandas referentes a un mismo producto pueden ser diferentes, por lo que las empresas tienen la necesidad de adaptarse, de innovar según los requerimientos específicos de cada lugar. Aunque este tema es vastamente abordado por muchos autores, merece mención especial un término, utilizado por Carlota Pérez (1992) [1], que es el de la “glocalización”, que se refiere al enfoque global, pero a la vez local, esto es, un enfoque flexible. Esto es, que un producto determinado no solo cumpla de forma escueta con su función, sino que tenga algo más. Y ese “algo más”, no solo es en cuestiones técnicas.

Ante esta flexibilidad, surge la imperante necesidad de fomentar un flujo libre de información, no sólo por inercia, sino también para compartir elementos necesarios para hacer posible dicha flexibilidad, que además implica la colaboración cada vez mayor una mayor variedad de áreas del conocimiento, más allá de las típicamente “tecnológicas”, como la ingeniería. Y es que, como dice Jim Austin [2], “para crecer en nuevos mercados, las empresas primero deben aportar al bienestar de la sociedad”, pues el valor social “contribuye al crecimiento económico de las empresas”. De modo que, a mayor bienestar social aportado, mayor competitividad.

Todo lo anterior implica, de cierto modo, un compromiso de parte del cliente también, pues en la medida que éste demande productos de calidad, que no perjudiquen al ambiente y que contribuyan a la mejora de la sociedad, las empresas serán cada vez más responsables, tanto en su manejo interno como en su resultado final. Basta con ver los ejemplos de compañías con el distintivo Empresa Socialmente Responsable. ¿Qué tan conveniente es ser responsable para ser competitivo? Juzguemos por lo que vemos.




Acosta, León, (2012) “Problems, Solutions and Opportunities in Global Enterprises”, UDLAP

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